GUÍA PARA VISITAR SANTANDER
DESCUBRE EL ENCANTO DE LA CIUDAD DE SANTANDER
La ciudad que convirtió el norte en lugar de veraneo
Gran parte de la identidad turística de Santander comenzó a forjarse a principios del siglo XX, cuando los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia eligieron la ciudad como destino de veraneo de la corte. A partir de entonces, Santander empezó a mirar al mar también desde otro lugar: el de los baños de ola, las terrazas elegantes, los hoteles señoriales y una forma de disfrutar la vida que todavía hoy sigue formando parte de su carácter. Mucho antes de que existiera la idea de “destino turístico” tal y como la entendemos ahora, Santander ya cultivaba cierta tradición de veraneo sofisticado
Descubre un balcón al cantábrico
Esa huella sigue presente en lugares como El Sardinero, el Gran Casino o el Hotel Real, cuya terraza continúa siendo uno de los mejores balcones sobre toda la costa frente a Ribamontán al Mar. El gran símbolo de aquella época es el Palacio de La Magdalena, antigua residencia estival de los reyes, situado frente al mar en una de las penínsulas más bonitas del norte de España.
Un buen punto de partida es el Centro Botín, obra de Renzo Piano, convertido ya en uno de los grandes referentes culturales de la ciudad. Además de su programación, merece la pena acercarse simplemente para contemplar las vistas sobre el puerto y el Paseo Pereda. Desde ahí, el paseo marítimo va llevando al visitante casi sin darse cuenta: bordeando el Muelle de Gamazo, pasando junto al Palacio de Festivales (sede del prestigioso Festival Internacional de Santander) y avanzando después por la elegante Avenida de la Reina Victoria, que conduce hacia la península de La Magdalena.
DESCUBRE SANTANDER A TRAVÉS DE SU ARQUITECTURA
Más adelante aparecen los Jardines de Piquío, uno de esos rincones donde apetece detenerse un rato y mirar el mar desde alguno de sus recovecos. Si la marea está baja, el paseo entre la Primera y la Segunda Playa del Sardinero puede hacerse incluso por la orilla. Ambas playas quedan unidas y caminar entre ellas, es un plan tan santanderino como jugar a las palas.
La arquitectura de la ciudad también cuenta su propia historia. Tras el gran incendio de 1941, que destruyó buena parte del casco histórico, Santander fue reconstruida siguiendo un estilo racionalista sobrio y elegante que todavía define muchas de sus calles del centro.
Pasear por Castelar, Puertochico o el Paseo Pereda permite entender bastante bien cómo la ciudad consiguió reinventarse sin perder del todo su identidad.
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SIÉNTETE COMO UN «SANTANDERINO»
Para asomarse a la Santander más cotidiana, el Mercado de la Esperanza es una parada curiosa. Un mercado vivo, en pleno centro, donde los santanderinos siguen comprando pescado fresco, productos de los valles y verduras de temporada. Merece la pena detenerse a observar el movimiento, escuchar las conversaciones y fijarse en quienes llevan toda la vida detrás del mismo puesto. El acento santanderino, ahí aparece en su máxima expresión. Atención: los lunes, no hay pescado.
En el Barrio Pesquero el ambiente cambia por completo. Las calles huelen a mar y conservan una atmósfera mucho más popular y marinera. Aquí siguen funcionando bares y restaurantes de toda la vida donde el pescado y el marisco se sirven sin demasiados artificios, como se han servido siempre.
UNA VISITA AL SANTANDER MÁS HISTÓRICO
Para quienes busquen un momento de quietud y algo de historia, la Catedral de Santander guarda en su cripta románica uno de los rincones medievales más silenciosos y desconocidos de la ciudad. Y para entender la relación histórica de Santander con el Cantábrico, el Museo Marítimo del Cantábrico merece mucho la pena, especialmente en esos días en los que el tiempo invita a refugiarse bajo techo
ENTRA A SANTANDER Y COMIENZA TU VISITA «POR LA PUERTA GRANDE»
Una de las maneras más bonitas de llegar a Santander es cruzando la bahía desde Somo en la lancha. Los históricos barcos de Los Reginas hacen el trayecto varias veces al día durante todo el año y los santanderinos los utilizan casi como un autobús marítimo. Llegan directamente al centro, junto al Centro Botín, y desde ahí la ciudad se recorre cómodamente a pie.
Entrar así en Santander por la puerta grande, desde el agua tiene algo especial: la ciudad aparece poco a poco frente a la bahía y uno entiende enseguida por qué el mar aquí lo condiciona absolutamente todo.
UNA ÚLTIMA VISITA ANTES DE VOLVER AL HOTEL
Antes de volver, si el día acompaña, merece la pena acercarse al Faro de Cabo Mayor.
Desde allí el Cantábrico se abre en toda su amplitud: el horizonte más limpio y llano que vas a encontrar en Cantabria, sin nada que lo interrumpa. Junto al faro hay un centro de interpretación sobre la historia de la navegación y las señales marítimas en esta costa, pero la mayoría acaba quedándose fuera, mirando al mar, y la verdad es que con eso basta.
AHORA ENTENDERÁS POR QUÉ SANTANDER FUE «La ciudad que convirtió el norte en lugar de veraneo»
…Esa forma pausada de disfrutar la vida que trajeron los veraneantes de principios del siglo XX no desapareció cuando se fueron los reyes. Santander la hizo suya. Es una ciudad algo ensimismada, acostumbrada a detenerse frente al mar y a contemplarse en él. Incluso los propios santanderinos siguen admirando, casi con cierta autocomplacencia, las vistas que la ciudad regala desde cualquier rincón cercano al agua.
Cuesta reprochárselo.
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